La crisis del vino también es una crisis de mercado.
Nota de opinión
Los mercados no se deterioran únicamente cuando caen los precios. También lo hacen cuando comienzan a perder calidad las relaciones comerciales que les dan sustento. No decimos nada nuevo señalando que el mercado de vino de traslado atraviesa desde hace tiempo una etapa de precios deprimidos. Pero hay otro fenómeno que destacar.
Porque una cosa es que el mercado pague poco. Otra, muy distinta, es el deterioro de la forma en que se realizan las operaciones comerciales. Cada vez y con mayor frecuencia quienes venden vino, mosto o uvas se encuentran aceptando condiciones verdaderamente indignas, por dañinas e injustificables. Parece normalizarse un modo cuestionable e inaceptable visto desde la transparencia y del equilibrio contractual, por ejemplo:
* Contratos o conformidades cuya copia no queda en poder del vendedor.
* Demoras injustificadas entre el acuerdo comercial y el retiro efectivo del producto.
* Plazos de pago que comienzan a correr desde el retiro y no desde la celebración de la operación.
* Exigencia de análisis, certificaciones o requisitos adicionales no previstos inicialmente.
* Renegociación del precio cuando el vendedor ya tiene comprometido el volumen.
Recordemos que los mercados no funcionan únicamente por la ley de la oferta y la demanda. Funcionan, además, sobre un conjunto de reglas —muchas veces no escritas— que hacen posible la confianza entre las partes. La buena fe, la previsibilidad, el respeto por los compromisos asumidos y la transparencia en las condiciones de contratación no son valores accesorios y no hay doctrina ni ideología que justifique transgredirlos.
La vitivinicultura argentina necesita recuperar precios rentables y al mismo tiempo, fortalecer la calidad y lealtad en sus vínculos comerciales. Hoy la incertidumbre termina sustituyendo a la previsibilidad y el peso financiero de las operaciones recae, de manera sistemática, sobre uno solo de los contratantes al que sólo le queda administrar la angustia de enfrentar costos crecientes sin posibilidad de ingresos.
El CENTRO DE VIÑATEROS Y BODEGUEROS DEL ESTE llama la atención sobre esta realidad que distorsiona el mercado y profundiza las asimetrías, esas que el gobierno provincial emulando al gobierno nacional y desde la distancia, definen como un “problema entre privados”. La esperanza es lo último que se pierde.
CENTRO DE VIÑATEROS Y BODEGUEROS DEL ESTE